Mente analitica y reactiva

La mente reactiva no actúa racionalmente, pues se basa en impulsos instintivos. Todo el mundo posee mente reactiva. Ningún ser humano se encuentra libre de ella o del contenido aberrativo de su banco de engramas. Este es el depósito o archivo de donde se nutre la mente reactiva. ¿Qué es lo que hace esta mente? Bloquea el recuerdo auditivo, provoca compulsiones, psicosis, neurosis, represiones y evita que el sujeto pueda razonar libremente, bloqueando los mecanismos de análisis, en realidad es una mente de supervivencia.

Los engramas son como órdenes hipnóticas de alto poder, que inhiben el razonamiento de la persona, haciendo que la misma se maneje por impulsos. Los mismos son fruto de la mente reactiva.

El ego hace que el sujeto protagonice a través de diversos yoes. Estos “actores” hacen el rol de víctima, de ofensor, de juez, de inquisidor y pasan de un estado soberbia a un drama de falta de autoestima en instantes.

 

El ego es la raíz de los engramas y está enterrado en la mente reactiva. Si no hubiera ego, no existiría la posibilidad de generar engramas. Los distintos traumas no tendrían cabida, pues el inconsciente no anhelaría deseos ocultos y el yo consciente estaría en armonía.

La mente analítica por el contrario es la mente que razona y evalúa las posibilidades antes de tomar una decisión. El ser humano ya no se maneja con instinto ni actúa con impulsos. Eso transforma en fútil a la mente reactiva, pues el raciocinio reemplazó al instinto, pero… ¿es tan así? Si repasamos, vemos que la mente analítica es la que se expresa luego de analizar y la mente reactiva es la que reacciona automáticamente, sin analizar. Por lo tanto, con el advenimiento de la civilización, esa primer mente ya no tendría razón de ser… pero sigue manejando los hilos en la conducta del ser humano.

 

¿A qué se debe eso? A que la primer mente está “grabada” en el código genético desde hace millones de años y la segunda, la analítica, apenas está con la humanidad desde hace diez mil años… y al no ser impulsiva, reacciona más tarde. Cuando por ejemplo una persona es insultada y esta reacciona de manera violenta, ese comportamiento es obra de la mente reactiva.

A partir de los dos años de vida aproximadamente, la mente analítica entra a formar parte del mundo de sensaciones del ser humano en forma definitiva, pero la mente reactiva, que hasta ese momento era absolutamente necesaria para diagramar una conducta que llame la atención, empieza a absorber en forma paulatina el conocimiento de la segunda. Así aprende a “pensar”, pero razona impulsivamente.

 

Ahí nacen las equivocaciones, porque la mente reactiva que hasta ese momento era útil para la supervivencia, hace crecer el rol del ego consiguiendo que el pequeño ser humano empiece a necesitar más de la cuenta, creando roles de control. Entonces se genera un cuadro nuevo: la mente reactiva sigue expectante del entorno, pero ahora calcula primero con qué drama de control puede sacar más beneficio de los demás.

 

Por eso surgen distintas facetas del comportamiento y la persona puede cambiar de humor de un instante a otro. Esa transformación la provocó la aparición de la mente analítica que, más adelante, se tendrá que ocupar de integrar los diversos “yoes” creados por el ego.

 

 

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